Costa Rica, como país en vías de desarrollo ha sufrido durante las últimas décadas la transición de una situación en la cual las enfermedades infecciosas predominaban, hacia otra en donde las afecciones crónicas adquieren más importancia. Este proceso de cambio se dio debido a los adelantos continuos en los servicios básicos de agua potable, vacunación y atención primaria en salud que se brindaron a la mayoría de los costarricenses a finales del siglo pasado. En esa época, para los tomadores de decisiones no era visible que tantas mejoras en el nivel de vida de la población, facilitarían la aparición de otros males que afectarían paulatina y silenciosamente la salud del país. Fue hasta la década de 1990 que llamó la atención la presencia cada vez mayor de enfermedades del corazón y diabetes; y fue hasta los primeros lustros de este milenio cuando se encendieron todas las alarmas sobre el desarrollo de la obesidad.
Más allá de la apariencia física, la obesidad se debe evitar porque es un factor clave para la evolución de patologías aun más letales como la hipertensión. Preocupa el hecho de que todas las estadísticas nos demuestran que porcentualmente hay más niños obesos en comparación con las últimas décadas, y esto implica inexorablemente que nuestra población comenzará a sufrir de enfermedades crónicas más temprano. Hoy más que nunca se hace necesario implementar estrategias que frenen el agresivo avance de este mal sobre nuestro país.
Ante este panorama cabe la interrogante, ¿es realmente necesario intervenir en los espacios escolares para prevenir la obesidad?
En un contexto de globalización como el que impera, nuestro país se ve influenciado por los cambios en los estilos de vida producto de las transformaciones en las jornadas de trabajo y los bienes y servicios que se consumen en otras latitudes. Estos estilos de vida, a los cuales nuestra población no está adaptada, producen entre otros males, desbalances energéticos que llevan al aumento de peso.
Uno de los casos más llamativos es el de Estados Unidos, donde la prevalencia de obesidad infantil alcanzó un nivel del 17% en personas de 2 a 19 años de edad en el 2009 (6). Algunos estudiosos han señalado que para el mismo año, la suma de los casos de obesidad y sobrepeso, producía valores cercanos al 50% de los individuos del mismo grupo de edad (1). En nuestro país, la prevalencia de obesidad en personas de 5 a 12 años llega al 9,6% (5). Aunque la situación no llega a ser igual que la de EEUU y los métodos de estimación son distintos, despierta preocupación porque si continúa con el mismo ritmo que trae, es probable que en una o dos décadas tengamos indicadores iguales o mayores que ese país.
Junto a estos indicadores, nos encontramos junto a otras verdades que no se deben pasar por alto: los costos económicos de la obesidad para el estado podrían volverse insostenibles a mediano plazo. Por ejemplo, en EEUU los costos directos e indirectos originados por la obesidad y el sobrepeso alcanzaron la suma de 147 mil millones de dólares en 2008 (3). Adicional a estos costos, se ha calculado que por un aumento del 10% en la prevalencia de enfermedades no transmisibles (NCDs por sus siglas en inglés) entre las cuales se encuentra la obesidad, se produce una disminución del 0,5% en el crecimiento económico (8). A menor escala, la obesidad tiene serias consecuencias en la economía familiar, sobre todo en los hogares con menos ingresos (10).
La mayoría de países occidentales ya han tomado medidas ante esta situación; han implementado incontables intervenciones que incluyen educación comunitaria en salud, programas de actividad física, regulaciones sanitarias sobre alimentos, terapia genética, modificaciones al espacio escolar, entre otras. Ya se empiezan a medir sus resultados y todo parece indicar que no es una medida aislada la que se debe tomar, sino muchas juntas. Por lo tanto sería impensable que nuestro país ignore la necesidad de emprender acciones.
La situación no deja dudas sobre la necesidad de intervenir, y en este punto es cuando aparece una interrogante: ¿Cómo? Al respecto hay numerosas experiencias que han permitido obtener resultados positivos. Entre ellas se pueden citar a grosso modo:
A partir de esta lista, se podrían plantear muchos programas y políticas públicas. Sin embargo, al realizar una revisión de los últimos estudios en el campo, se debe tomar en cuenta lo siguiente:
En síntesis, nuestro país podría ser muy eficaz en la prevención si establece alianzas con todos los sectores de la sociedad y promueve estilos de vida saludable en los niños y sus familias de una manera constante y sostenible. Para ello es imprescindible el aprendizaje de experiencias exitosas y de bajo costo-efectividad (2) que han sido aplicadas en otras latitudes. Esta, sin duda es la mejor estrategia para detener la obesidad infantil y sus consecuencias.
- Broyles S, Katzmarzyk PT, Srinivasan SR, Chen W, Bouchard C, Freedman DS & Berenson GS. (2010). The pediatric obesity epidemic continues unabated in Bogalusa, Louisiana. Pediatrics. 125(5):900-5.
- Cecchini, M., Sassi, F., Lauer, J., Lee, Y., Guajardo-Barron, V. & Chisholm, D. (2010). Tackling of unhealthy diets, physical inactivity, and obesity: health e铿ects and cost-e铿ectiveness. The Lancet, 376: 1775–84.
- Finkelstein, E. A., Trogdon, J. G., Cohen, J. W. & Dietz, W. (2009). Annual medical spending attributable to obesity: Payer- and service-specific estimates. Health Affairs; 28(5): w822-w831.
- Kain, J., Uauy, R., Albala, Vio1, F., Cerda, R., & Leyton, B. (2004). School-based obesity prevention in Chilean primary school children: methodology and evaluation of a controlled study. International Journal of Obesity 28, 483–493.
- Ministerio de Salud (Costa Rica). (2009). Encuesta nacional de nutricion 2008 – 2009. Tomado de: www.ministeriodesalud.go.cr/index.php/inicio-vigilancia-salud-consulta-b...
- Ogden, C. & Carroll, M. (2010). Prevalence of Obesity Among Children and Adolescents: United States, Trends 1963–1965 Through 2007–2008, En: Health E-Stat, Junio 2010. National Center for Health Statistics.
- Sahota, P., Rudolf, M., Dixey, R., Hill, A., Barth, J. & Cade, J. (2001). Randomised controlled trial of primary school based intervention to reduce risk factors for obesity. British Medical Journal, 323:1–5.
- Stuckler D. (2008). Population causes and consequences of leading chronic diseases: a comparative analysis of prevailing explanations. Milbank Quarterly, 86:273–326.
- Summerbell, C. D., Waters, E., Edmunds, L., Kelly, S. A. M., Brown, T. & Campbell, K. J. (2009). Interventions for preventing obesity in children (Review). The Cochrane Collaboration: John Wiley & Sons, Ltd.
- World Health Organization (Ed.). (2010). Global status report on noncommunicable diseases 2010. Description of the global burden of NCDs, their risk factors and determinants. Suiza.
- World Health Organization. (2011). The challenge of obesity. Tomado de: www.euro.who.int/en/what-we-do/health-topics/noncommunicable-diseases/ob....
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